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07 agosto, 2014

Como nunca

Vuelvo a adentrarme en mi mundo. Es lo que pasa cuando te dejas llevar... Apagas el interruptor de todo lo que te rodea y es como si tuvieras los ojos cerrados y te limitaras a sentir. A sentir todo lo que el resto no te deja por los obstáculos que te pone, sentir... Cuántas sensaciones y sentimientos entran dentro de esas séis letras. Cuántos amores y desamores; cuántas verdades y mentiras. Cuántos siempres y nuncas. Cuántos desprecios y adoraciones. Cuántos y cuántas incontables cosas entran ahí.
Una vez, alguien me dijo: las expresiones en las que utilizamos las palabras 'siempre', 'nunca', 'todo', y 'nada', no son verdad. Y tenía razón. Por el simple hecho de que esa persona que prometió estar siempre y no lo estuvo, en el momento que lo hizo fue porque realmente así lo sentía, y en cierto modo fue un 'siempre' sincero, aunque no eterno. Igual que esa vez en la que dijiste 'nunca más' y volvió a pasar. ¿Te traicionaste? Te hubieras traicionado si no lo hubieras vuelto a hacer. Cuando decimos que apostamos todo, ¿lo hacemos realmente? Seamos realistas. Todos tenemos una especie de caja fuerte a la que solo personas especialmente especiales pueden llegar, y a veces ni eso. Nada. ¿En serio? El nada no existe. El nada es un sentimiento de soledad y derrota que nos invade cuando nos han jodido, pero ¿realmente alguna vez has tenido la malísima suerte de quedarte sin nada?
No deberíamos tomar decisiones en un estado de alegría absoluta ni derrotismo total, porque podríamos estar viendo un oasis en medio del desierto y resultar un simple espejismo, o podríamos estar viendo mares cuando solo son charcos.
La vida es sencilla y complicada a la vez, y lo digo desde la experiencia. Porque puedo estar diciendo esto desde lo mas profundo de mis adentros, y cuando me toque a mí afrontarme a situaciones símiles no saber cómo coger las riendas, sentirme nadie, nada, como siempre; como nunca.

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