
Cuando nadie sabía de mi existencia y no me importaba nada.
Era una chica dulce y buena; una especie de ángel, quince años, tierna y bella. Me lo dio todo y yo la engañé, la hice sufrir... la arrastré a su destrucción. ¿Sabe por qué? Porque me aburrió soberanamente tanta bondad y tanto amor. Sus manos acariciándome, sus ojos a la espera de mi mirada. Siempre disponible para mí, ninguna dificultad en alcanzarla. Me regaló su vida. La hubiera preferido menos buena, para así sentirme mejor persona.