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20 septiembre, 2012

Se desvanece

Y que bonitas se ven las cosas cuando no hay qué te preocupe. Cuando sabes que lo único en lo que va a insistir tu familia es en tu  felicidad. Y los días pasan, y poco a poco, te vas dando cuenta de que la familia no son los que comparten tu misma sangre, sino todos aquellos que compartan su vida contigo. Eso es verdaderamente una familia; dime si nunca has considerado a una mascota parte de tu vida, si nunca has sentido tener una hermana en vez de una amiga, si nunca has estado convencida de que ese chico especial empezó a ser parte de tu familia sin necesidad de firmar un papel.
Pero como todo, siempre hay algo que te frena y te hace pensar las cosas dos veces. Retrocedes a ese momento, a ese instante en el que no te hizo falta pensar. No pensaste porque hiciste lo que sentiste, y para ello no necesitas pensar.
La adoras, la quieres, te hace falta, la echas de menos.  No la tienes a tu lado, y puedes pensar lo que sientes, pero no hacer lo que quieres. Por eso. Una simple razón como esa te dice que esta vez no te toca sentir, te toca pensar, y piensas:


Todo eso que fuimos y que prometimos ser. Todo eso que quisimos y queríamos tener. Todo eso que ahora ya no está. Todo eso que fue, pero ya no será.

19 septiembre, 2012

Gracias. Una noche más, gracias



Te preguntas el por qué, e intentas convencerme de que debería de ser al revés. Pero no te das cuenta...
Una manualidad hecha por ti, un papel pintado con bolígrafo, un mensaje cada noche, una rutina cada mañana. Un tú, un yo. Un, dame la mano y acompáñame al fin del mundo. Un, vamos a jugar a que el primero que se suelte pierde. Un, vamos a perdernos juntos. Un, te quiero, entre susurros. Un beso en la frente. Una sonrisa intencionada. Una felicidad infinita. Un detalle. Un niño. Un niño como tú.