Cuando estás a menos de dos metros las piernas me siguen temblando, la voz me sigue tartamudeando y las cosas se me caen de las manos. Que se me sale el corazón por la boca cada vez que pasas por mi lado, o sin querer coincidimos en una mirada. Que cada día que pasa más me mata tu ausencia...

Pero es que no hay quién te saque de mi... Sigo oyendo tu voz, tu consuelo cada vez que me siento mal. Que no habrá nadie capaz de sacarme tu sonrisa, la tengo clavada, aquí, muy dentro de mi. Es como una espina que se clava cada vez que la veo, y duele. No sabes como duele saber que ya no soy dueña de ella, y que ya todo acabó. Quizá sea mejor así, porque al fin y al cabo tú estás bien, y no te hace falta estar conmigo para ser feliz, pero es que te quiero, a quién quiero engañar.