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22 enero, 2014

Ayer tenía tu hombro, hoy solo me queda recordarlo

A veces se van. Esas personas que fueron importantes para ti, se van. Porque quieren o sin querer. Sabiéndolo o sin saber, pero se van.
Ayer tenías su hombro y hoy te queda el recuerdo de aquello que llamábamos amistad. Te quedan los momentos en los que tu tiempo fue suyo y el suyo tuyo. Te quedan recuerdos que viven desde entonces en tu cabeza. Si me hundí, me enseñó a nadar. Si me senté, me hizo correr. Si lloré, me hizo reír. Si me rendí, me hizo luchar. Si perdí, me enseñó a ganar. Si fui, vino. Si pedí, me dio. Si le di, me devolvió. Si estuve, estuvo. Si me perdí, no me buscó, me encontró.
Los hay quien se van porque en cierto modo los echas, pero esos solo duelen al principio. Sin embargo, aquellos que se alejan poco a poco. Esos que parece que arrastran con ellos todo lo vivido, y que cada día que pasa es "un metro de distancia". Esos. Los que, aunque desaparecieron poco a poco, parece que te lo arrancaron de un día para otro. Esos son los que no dejan nunca de doler.
Y lo que más duele es no saber cuál es la razón, o saberla, o creer saberla y confundirte. ¿Qué nos faltó? A ti te faltaron las ganas, y yo perdí el interés. O eso pareciste demostrar, o eso quise creer; yo ya no sé.

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