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06 enero, 2014

Contigo

Se me llena la sonrisa con su mirada y el corazón con su sonrisa. Cómo no quererle de tal manera, si cuando siento frío y soledad es el único calor y compañía que quiero sentir.
Entre sus brazos estoy segura; segura de todo riesgo, y segura de querer estar dónde estoy. Con él. Qué pedir, más que nada. Qué me falta, menos que todo.
No corramos. No queramos correr. Corre en quererme, pero no te canses nunca.
Dame de ti tus besos, y yo me encargo del resto. Sonrisas y lágrimas serán testigos de esto tan nuestro, pero más testigos seremos nosotros de hacerlo eterno.
Abrázame otra vez más. Esta vez no tengo frío, pero me gusta sentir tu calor. Tenerte cerca es seguridad. Seguridad y necesidad. Necesidad de estar cerca de ti, seguridad de no dejar que te alejes.
Vamos a perdernos. En un beso, o en dos. En un conjunto infinito de caricias, sí. De esas que iluminan mi carita, de esas que rebotan en tus ojos cuando brillan.
Y tú dirás.. ¿desde cuándo las caricias rebotan? Pero niño... Hace tiempo que las cosas dejaron de ser lo que siempre fueron para ser mejores.

18 diciembre, 2013

Me apetece

Hoy me apetece. Sí. Me apetece. Me apetece escribir. Escribirte y que lo leas. Que lo leas y sonrías al volverlo a leer. Sí. No pido nada más. Ni pido ni quiero nada más; solo hacerte sonreír, solo hacerte feliz. Solo mirarte y que me entiendas, besarte y que lo sientas, tenerte y que me tengas, y quererte. Y querernos hasta gastarnos, hasta quemarnos y derretirnos y volvernos a construir. Que tus caidas solo sean en nuestra cama de uno para dos, y que las mías sean consecuencia de tu desesperación cuando me vuelvo insoportable, ya me entiendes. Quiero... Quiero tantas cosas, y no se me ocurre ninguna en la que tu no formes parte, porque no. Ya no. Ya no quiero nada sin ti.
¿Si tú saltas yo salto? Si tú saltas yo me tiro de cabeza. ¿Cuántas veces se oyen esas cosas? Y ¿cuántas veces se dicen sinceramente? Sinceramente y desde el corazón. Desde lo más adentro de mi cuerpo, desde eso que corre por mis venas que ya no es sangre, es veneno. El veneno que me inyectaste y que en vez de matarme me hace más fuerte. Más fuerte y mejor persona. Sí. Tú. Tú y solo tú consigues este efecto, este sentimiento, estas inmensas ganas de tenerte cerca, de sentir que lo necesito, que te necesito. Y es que lo hago. A cada minuto y segundo del día, del mes y del año. Y así será el resto de mi vida. Sí. No te creas que lo digo sin sentirlo, porque no soy yo quien escribe, sino la unión de mi cabeza y mi corazón; que mientras una te piensa, el otro te siente, y el resultado ya lo ves. Yo. Mirándote con esta cara que tengo, con estos ojos que no quieren ver más hayá de los tuyos. Con esta boca que solo pide guerra y paz contra la tuya. Con estas manos que solas van a enredarse en tu pelo. 
Hoy me apetece. Sí. Me apetece. Me apetece escribir. Escribirte y que lo leas. Que lo leas y sonrías al volverlo a leer. Sí. No pido nada más. Ni pido ni quiero nada más; solo hacerte sonreír, solo hacerte feliz. Solo mirarte y que me entiendas, besarte y que lo sientas, tenerte y que me tengas, y quererte. Quererte a morir por siempre.

15 diciembre, 2013

NADA

Parques, barrios, calles, bares, centros comerciales, dados de la mano. Y la vida entera que me pasaría agarrada a ti, sin soltarte ni para agarrarte mejor.
Para ganar hay que arriesgar, es lo que dicen, y arriesgué, y arriesgaste, y arriesgamos los dos intentándolo y nos salió bien, sino míranos. Y ahora, llámame cobarde si quieres pero, yo no arriesgo más. No me juego perderte por nada ni nadie. No me juego soltarte, ni dejar que te alejes. No me juego más besos en duda, ni más palabras corazadas. No me juego no ser yo, ni me juego no ser tuya. No me juego un solo momento sin una sonrisa tuya. No te cambio por nada, y que quien arriesga no gana, pero dime qué más tengo que ganar...

Después de ti no hay nada, pero antes tampoco

Cuántas veces me prometí que no volvería a caer y volví a hacerlo...
Joder. Que no hay día que no pase y acabe con agujetas en las mandívulas de tanto sonreír. Que aunque lo parezca no es fácil hacer sonreír a la gente de esa manera en que él lo hace. ¿Por qué? Pues por el simple hecho de que no hay nadie como él. Tan adorable, tan dulce, tan divertido, tan especial... Nadie. No hay nadie como él. Y que sí, que últimamente parece muy fácil decir te quiero e inventar sentimientos que la gente cree tener pero que en realidad no tienen ni idea de lo que es sentir un te quiero de verdad.
Poca gente podrá mirar a los ojos a la otra persona y leerle el pensamiento o transmitirle lo que uno mismo piensa y siente. Joder, que no sé ni como no se me sale el corazón por la cada vez que me toca, que me roza. O como puedo sobrevivir a cada beso sin que las mariposas me destrocen el estómago. Que me tiemblan las piernas cada vez que me sonríe. Que me pierdo en su mirada y nadie es capaz de encontrarme. Que me tiene atrapada en sus manos por sus caricias, en sus sábanas por las mañanas y por las noches. En él.
Que a estas alturas el resto del mundo me da igual. Ya... ¿qué más tengo que buscar? ¿Qué más pretendo encontrar? No necesito nada ni nadie más. Todo lo que un día imaginé ser capaz de tener, todo lo que soñé, lo que quise, lo que esperé, TODO, todo lo que forma parte de él es todo lo que necesito.
Venga que sí, que ahora todo el mundo os folla a sonrisas y todos tenéis ganas de echarnos polvos, pero me juego el cuello a que en vuestra puta vida os van a hacer sonreír con y sin la ropa puesta de la misma manera. A que en vuestra vida os van a haceros sentir tan especiales y únicos, que nadie os va a dar la seguridad de un futuro de los de verdad, de los que se cumplen, y no de esos que se prometen y al final se van con el viento, o con el tiempo, qué más da. Sí no vais a vivir lo que estoy viviendo yo con él, lo que estamos viviendo los dos. Que es la historia más bonita de todos los tiempos, de ahora y de siempre. Porque como él y yo no habrá nadie que luche por enamorarse día a día, el uno al otro. Por hacer realidad esa promesa que los dos siempre quisimos hacer, y siempre quisimos cumplir. Y ¿sabes qué? Que una vida se me queda corta para demostrarlo.

30 noviembre, 2013

Pocas cosas son las que se valoran...

El tiempo pasa, como las personas por tu vida. Pero esque hay algunas que vienen y se van, y otras que vienen y se quedan para siempre.
Lo sé, lo sé. Quién lo diría. Quién nos hubiera imaginado juntos en la misma cama. Quién nos hubiera visualizado en un beso. Ni nosotros mismos nos hubieramos imaginado juntos de la mano por las calles de la ciudad. Enrredándonos bajo tus sábanas, fundiéndonos en uno. Dandonos más prioridad de la que ya poseíamos el uno del otro.
Mío.
Quién se hubiera imaginado que te entregaras a mí. Que te declararan culpable del abuso que haces de mis sonrisas. Ni tú sabías la facilidad que tienes para conseguir hacer que sonría, ni yo sabía que iba a convertirse en algo imprescindible. Como tú.
Me he acostumbrado a ti. A tus sábanas, a tu voz, a tus buenos días, a tus paseos, a tus planes, a tu cama... Puede que pronto, pero te has convertido en el día a día que quiero seguir viviendo, ahora y siempre.
Pronto, sí. Digo pronto, porque es poco lo que he tardado en darme cuenta de que quiero que mi rutina se base en tu sonrisa, y es que no hay nada que valga más que tu sonrisa, pero esque tú, niño... Tú no tienes precio.